Nunca he entendido porque la gente agradece a sus padres sus vidas. Yo a mis padres los quiero mucho pero, yo no les debo la vida, ellos eligieron, o eso es lo que me han contado, tener un hijo. En todo caso tendría que agradecérselo al azar, a aquellos dados imaginarios que me hicieron nacer a mi entre millones de posibilidades posibles, al fin y al cabo sigo la ley de Murphy.
Como la teoría del gato de Schrödinger, el cual sería un punto de bifurcación entre dos universos paralelos. Todas las posibilidades de hijos existirían en algún mundo paralelo al nuestro. Por lo tanto, nuestra conciencia seguiría existiendo aunque fuese en un mundo gobernado por chimpancés, o en un mundo gobernado por personas (este es el momento en el que el lector entiende que nuestro mundo es el que esta gobernado por chimpancés, un toque humorístico a la lectura).
Por ello, estamos condenados a vivir.
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